Hatem Akrout es un pintor de primavera. Pero, en los Jardins d'Hatem, la primavera no es, a diferencia de lo que nos mostró Botticelli, una época de armonía y equilibrio. Lejos del ideal renacentista, Hatem nos sumerge en una realidad reducida a su materialidad más azarosa, un lugar de luchas y conflictos incesantes, donde componentes y fuerzas elementales, en una frenética danza postinvernal, colisionan, chocan, se entremezclan, se invaden, proliferan y pululan, degeneran, estallan o explotan, experimentan millones de combinaciones ridículas, y así producen tanto lo malo como lo bien formado, y por lo tanto lo deformado, lo informe o lo conforme, pues todo es posible en esta vasta y vana agitación molecular. La primavera en estos jardines darwinianos es, pues, un desorden más o menos alegre del que emergen figuras inciertas e inacabadas —tubérculos, alevines, una rana aún renacuajo, un polluelo, un gallo, un embrión o un feto...—, quizás en proceso de completarse, quizás ya inertes y a punto de desintegrarse.
Hatem Akrout - Les Jardins de Hatem (1) - Papier Marouflé sur Toile - Acrylique, Pastel Gras (Chassis) - 60x40x2 cm - 2013