La subjetividad en Francis Bacon: de la figuración a la desfiguración

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"Quisiera que mis pinturas se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellas, como un caracol, dejando un rastro de la presencia humana y un trazo de eventos pasados, como el caracol que deja su baba"

Francis Bacon

Paradójicos, subjetivos, crípticos… los cuadros de Francis Bacon son, en sí mismos, un enigma. Misterio, influencias y vivencias se dan cita en cada una de las obras de este emblemático pintor anglo-irlandés, cuyo personal expresionismo de vanguardia le ha convertido uno de los artistas más originales y valorados de la pintura del siglo XX.

Francis Bacon y la deformación simbólica: de la figuración a la desfiguración

La obra de Francis Bacon alberga alguna de las pinturas más impactantes y desgarradoras del arte contemporáneo. Su producción artística se circunscribe al arte figurativo de postguerra, cuyas principales características son la figuración, la ambigüedad con respecto al plano intencional (al no contar las obras con una narratividad que permita desentrañar a ciencia cierta sus mensajes), y el empleo de la deformación pictórica como técnica con la que dotar de mayor expresividad a los cuadros.

De este modo, el pintor anglo-irlandés trabaja la representación de la figura humana, presente en la gran mayoría de sus composiciones, aunque desde una formulación totalmente subjetiva que bebe de los movimientos vanguardistas de su época, tomando técnicas con las que conseguir expresar la amarga realidad del siglo XX.

Francis Bacon parte de la obra de Pablo Picasso, su principal referente pictórico, siguiendo la vía que el pintor malagueño abrió entre la figuración y la desfiguración con su formulación del cubismo, testigo que Bacon sabe tomar, aprovechando la fuerza expresiva de la desfiguración. Podemos observar esta influencia en cuadros como Tres estudios para retrato de Henrietta Moraes (1963), o Autorretrato (1969), donde las formas aparecen fragmentadas y reducidas a volúmenes simples, deformadas y arcaizadas.

Es por ello que los personajes que pueblan los retratos, estudios y composiciones de Francis Bacon se muestran distorsionados, desfigurados y descontextualizados, como exhibidos en vitrinas arquitectónicas que acentúan todavía más el hermetismo e inquietud de las atmósferas, tal y como se aprecia en Triptych August II  o Tres estudios del cuerpo humano (1967). Estos fondos desnudos y yermos sobre los que destacan las figuras son, también, otro de los recursos más recurrentes en la obra de Francis Bacon. Es esta puesta en escena, esta teatralidad, uno de los rasgos más característicos del pintor, y también una de las técnicas que le permiten crear composiciones con semejante magnetismo y fuerza expresiva. 

Al igual que ocurre en los cuadros de muchos otros artistas de postguerra, en las pinturas de Francis Bacon resuena el eco de las atrocidades acaecidas durante la II Guerra Mundial, a las que el pintor suma sus propias vivencias personales para representar sus obsesiones, íntimamente ligadas al espíritu del tiempo que le toco vivir.

Así, en obras como Figura con carne (1957) o Cabeza rodeada de Flancos Bovinos (1954) podemos ver como Bacon embalsama uno de sus temas esenciales. Nos referimos a la violencia inherente a la condición humana, abordada desde enfoques como la muerte, la decadencia, la soledad, el aislamiento, la agresividad, la sexualidad, la animalidad… que acaban por convertirse en las constantes de toda su producción artística.

Desde la perspectiva temática, es posible establecer similitudes entre la obra de Francis Bacon y la del pintor suizo Alberto Giacometti, puesto que ambos pretendían, mediante sus pinturas, reflejar de una manera subjetiva y personal los horrores de la guerra. De este modo, las desmejoradas y mutiladas figuras de Giacometti desprenden la misma sensación de aislamiento y soledad que los personajes del universo de Bacon.

El particular expresionismo surrealista de Francis Bacon

Francis Bacon nunca se adscribió a ningún movimiento artístico, sino que, partiendo de la línea abierta por Pablo Picasso entre la figuración y la desfiguración, bebió de las fértiles aguas de las segundas vanguardias europeas hasta configurar un estilo personalísimo y reconocible.

En una época en la que domina la abstracción, Bacon dedica sus esfuerzos a la pintura figurativa, influenciado por maestros surrealistas como Dalí, con quien comparte el gusto por las formas orgánicas y las atmósferas oníricas, tal y como se aprecia en obras como Tres figuras en una habitación (1964), donde las sinuosas y deformadas figuras de Bacon evocan imágenes tan iconográficas como el celebérrimo Reloj Blando del pintor catalán.

La pintura de Francis Bacon también muestra influencias de Henri Matisse, de quien toma el gusto por los fondos de colores sólidos y planos, como podemos observar en alguna de sus obras más reconocibles, como Tres estudios para una crucifixión (1962).

Por otro lado, también es posible apreciar en la pintura de Francis Bacon referencias a la imaginería de Velázquez, tal y como ocurre con la serie de cuadros Retrato del Papa Inocencio X, realizados por el pintor expresionista durante la década de los ‘50 e inspirados en la obra homónima realizada por el pintor de la corte en 1650.  La imagen del papa llegó a convertirse en una obsesión para Bacon, que pintó más de cuarenta variaciones de la obra.

También es posible hallar en los cuadros de Francis Bacon la influencia de las figuras negras de Goya, como queda patente en Figura con carne; e incluso referencias a escultores como Miguel Ángel o Rodin, en quienes se inspira para su tratamiento de la anatomía humana, tema al que Bacon ha dedicado numerosos estudios.

Sin embargo, pese a la amalgama de influencias que pergeñan los cuadros del pintor anglo-irlandés, no sería justo concluir que la de Bacon es una pintura ecléctica, puesto que constituye, por sí misma, un nuevo lenguaje que transciende toda influencia, tanto en el fondo como en la forma, para dar lugar a un modo de expresión pictórica totalmente nuevo.

Comprar obra gráfica de Francis Bacon

Francis Bacon es uno de los pintores más cotizados del mercado de arte. Sus cuadros han alcanzado pujas de nueve cifras en las casas de subastas de arte más prestigiosas, como Christie’s, donde el tríptico Tres estudios de Lucian Freud (1969) fue adjudicado en 2013 por 142 millones de dólares, convirtiéndose en una de las obras más caras de la historia del mercado del arte y desbancando a El Grito de Mvnch, que por aquél entonces encabezaba la lista al haberse vendido en 2012 por ciento veinte millones de dólares.

Sin embargo, pese a la alta cotización del pintor, no es necesario contar con cantidades de nueve cifras para poder hacerse con una de sus obras. Si estás interesado en comprar obra gráfica de Francis Bacon, puedes encontrar litografías como Triptych August III  o En Memoria de George Dyer III  en nuestras subastas online. Regístrate aquí para poder realizar tus pujas.

Biografía de Francis Bacon

Francis Bacon nace en Dublín en 1909, aunque su niñez transcurre entre Irlanda e Inglaterra debido a los continuos traslados que realiza su familia por la compleja situación política del momento. Además de unos primeros años marcados por la guerra, el joven Bacon también padece problemas respiratorios que dificultan su infancia impidiéndole asistir con regularidad a la escuela, por lo que su infancia resulta tormentosa.

Con tan solo 16 años y por desavenencias con su padre en cuanto a su orientación sexual, Francis Bacon abandona el hogar de sus padres para viajar Berlín, donde residirá en casa de un amigo de la familia. Durante esta etapa, el joven realiza viajes a Francia, visitando París y Chantilly, lugares en los que entra en contacto con la pintura Pablo Picasso, hecho que le lleva a plantearse la pintura como oficio.

Su ambición empieza a materializarse de nuevo en Inglaterra, donde Francis Bacon comienza a recibir clases de dibujo y pintura y a trabajar de manera autodidacta. Realiza, de este modo, sus primeras obras en 1929, iniciándose con la acuarela, la tinta gouache y el óleo, y compaginando su  nueva afición con un trabajo como decorador de interiores y diseñador de muebles modernos. Sin embargo, años más tarde, impaciente y frustrado por no haber recibido el esperado reconocimiento, Bacon decide quemar toda su obra, dejando patente su temperamental y autodestructivo carácter.

Sin embargo, pese a los momentos bajos, su producción pictórica no cesa y a finales de la década de los ’30 sus cuadros se presentan en exposiciones colectivas tan relevantes como la Muestra de Jóvenes Pintores Británicos, celebrada en Londres en 1937.

Los años ’40 son un momento de plenitud en la carrera artística de Francis Bacon. Es en 1944 cuando finaliza el famoso tríptico Tres Estudios de figuras al pie de una crucifixión, obra que genera gran polémica y que marca el inicio de su época de madurez artística, donde ya se pueden apreciar sus temáticas más recurrentes, como la muerte y su carácter grotesco, expuesto, degradado. El tríptico es presentado un año más tarde en Londres, en una exposición colectiva en la que también participan Henry Moore y Graham Sutherland.

A partir de este momento, su pintura se vuelve cada vez más enigmática y simbólica, a medida que Bacon avanza en su método para capturar la esencia de la Europa de mediados del siglo XX desde su propia óptica, y su estilo se asienta hasta volverse inconfundible.

Sus obras se exponen en importantes galerías y museos, como la Galería Knoedler o el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y en ciudades europeas como Moscú o Londres.

Continúa pintando y viajando hasta sus últimos años de vida, cuando realiza visitas a España, donde se siente atraído  por la tradición de la tauromaquia, a la cual dedica varias composiciones, como Tauromaquia  o Estudio en la plaza de toros. De hecho, a principios de 2016, el historiador de arte Martin Harrison descubre un cuadro inédito datado en 1991, Estudio de un toro, que se convertiría en una de las últimas obras del pintor, tal y como afirma el investigador en declaraciones a The Guardian según el periódico El Mundo.  

Francis Bacon fallece en 1992 en Madrid a causa de una crisis cardíaca. Desde su muerte, el proceso de revalorización de sus obras, que ya había podido ver en marcha durante sus últimos años de vida, se incrementa exponencialmente hasta convertir a Francis Bacon en uno de los pintores del siglo XX más valorados en el mercado de arte.

 Hoy en día, sus obras se exponen en los museos de arte moderno y contemporáneo más prestigiosos, como el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid, el Museo Guggemheim de Nueva York o el Museo Thyssen Bornemisza; además de formar parte de importantes colecciones privadas de todo el mundo.

Eva VilarC.