El arte en clave Picasso (I): etapas en su producción artística

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Pablo Picasso es uno de los genios más famosos del arte moderno. Abanderado de las vanguardias españolas, su nombre surge espontáneamente a la mera mención del término cubismo, movimiento del que fue máximo representante. Sin embargo, los casi setenta años de trayectoria de este maestro de la pintura española han dejado tras de sí un amplísimo abanico de estilos, experimentos, innovaciones y modos de expresión, convirtiendo a su creador en uno de los pintores más interesantes, completos y versátiles del panorama artístico universal.

Etapas en la obra de Pablo Picasso

Pablo Picasso es autor de una prolífica y fecunda obra. Son miles las piezas que llevan su firma, entre cuadros como el famosísimo Guernica (1937), litografías como Paisaje Mediterráneo, grabados como Viejo fantaseando y hasta esculturas como La Dama Oferente (1933).

Picasso Viejo fantaseando

Esta ingente producción artística es de lo más variada y compleja, al constituir la trayectoria de Pablo Picasso un continuo y acelerado proceso de evolución. Es por ello que suelen agruparse sus obras en una serie de etapas que abarcan desde su época de aprendizaje hasta su periodo de madurez artística.

  • Etapa de Formación (1895 - 1900)

Podemos hallar una primera etapa entre los años 1895 y 1900, periodo en el que un joven Picasso de 14 años comienza su formación artística en La Llotja y, posteriormente en la Escuela de San Fernando, hasta finalmente viajar a París, donde conoce a sus primeros marchantes.

Esta etapa de formación transcurre bajo la influencia del modernismo catalán, cuyo influjo se manifiesta en el afán por representar la figura humana actuando en escenas de la vida diaria, tal y como podemos comprobar en Ciencia y Caridad (1897) o La muchacha de los pies descalzos (1895) .

También hallamos en los cuadros de Picasso ciertos rasgos de la pintura del siglo de oro que quizás puedan ser explicados por la profunda impresión que le causaron las obras de maestros como el Greco, Goya o Velázquez en sus reiteradas visitas al Museo del Prado, y de las que toma la rapidez del trazo y el cromatismo sombrío de sus ambientes, presagio de la llegada de una nueva etapa a la vida y obra del pintor malagueño: la época azul.

  • La época azul (1901 - 1904)

La época azul (de 1901 a 1904) es quizás, después del cubismo, la etapa más celebrada de la producción artística de Picasso, aunque su detonante no sea motivo de festejo, ya que, según el propio Picasso ha reconocido, empieza a “pintar en azul” en 1901 tras el suicidio de su amigo Carles Casagemas, quien se convierte durante una temporada en un motivo recurrente en las obras del pintor.

Los cuadros de esta época se tiñen de melancolía para retratar las condiciones de vida de las clases marginadas de la Barcelona de principios del siglo XX, haciendo gala de un delicado equilibrio entre el realismo social y un personal expresionismo, como podemos ver en pinturas como Mujer con los brazos cruzados (1902).

La gama cromática es fría y acerada y los fondos desnudos, hecho que resalta la faceta dramática de las composiciones, protagonizadas por personajes lánguidos y esbeltos con cierta influencia de la figuración grequiana. De este modo, el universo pictórico de Picasso se puebla, durante estos años, de personajes desolados, perdidos, como los que protagonizan los cuadros El viejo guitarrista (1903-1904) y La Vida (1903).

En 1904, ya instalado en el bohemio barrio de Montmartre, París despierta en Pablo Picasso nuevas inquietudes y rejuvenece sus fuerzas creadoras. Atraído por el encantador ambiente de la bohemia y el bullicio de la ciudad, el pintor renuncia a los velos azulados para dejarse seducir por los espectáculos circenses, los bares abarrotados y otros atractivos de la bohemia parisina, sentando así los cimientos de una nueva etapa en su producción artística.

  • La época rosa (1905 - 1906)

La época rosa (de 1905 a 1906) recibe este nombre por el drástico cambio que supone el cromatismo cálido de los cuadros pintados por Picasso durante estos años con respecto al melancólico ambiente de la anterior etapa azul.

Aunque durante esta época el pintor también cultiva el desnudo, los temas más recurrentes son las escenas de circo, en las que Picasso representa con trazo suave y apariencia cándida a cómicos ambulantes, acróbatas y arlequines, como los que podemos ver en Famille de Saltimbanques (1905).

Durante los viajes realizados durante esta época a Holanda y Gósol (Lleida) el joven Picasso entra en contacto con las antiguas manifestaciones del arte románico y peninsular, cuyas influencias contribuyen a forjar la que, posteriormente, será conocida como la Época Negra de Pablo Picasso.

  • La Época Negra (1907 – 1908)

La Época Negra (de 1907 a 1908) materializa la confluencia de las experiencias adquiridas por Picasso mediante su estudio de pintores clásicos como Cezanne o Ingres y a través de los viajes realizados en  años anteriores a Holanda y Gósol, donde entra en contacto con el arte románico y el primitivismo de la estatuaria ibérica.

Se inicia en esta etapa un proceso de esquematización y geometrización de las formas en el que cuerpos y cosas se reducen a elementos simples y arcaicos ganando en expresividad. En cuanto a los colores, predominan los ocres y los rojos, que otorgan dramatismo a las composiciones.

La obra más iconográfica de este periodo es el famoso cuadro Las señoritas de Avignon (1907), donde los trazos angulosos y las caras con apariencia de máscara vaticinan el germen de la más emblemática de las épocas picassianas: el cubismo.

  • El cubismo (1908 - 1916)

La época cubista (de 1908 a 1916) supone una ruptura con la perspectiva tradicional renacentista. Pablo Picasso y George Braque, máximos representantes de esta corriente de vanguardia rehúsan de los cánones clásicos con el objetivo de incluir en el propio lienzo tanto la visión binocular como los diferentes ángulos desde los que puede ser contemplado el objeto representado.

Puesto que existen unos rasgos comunes, la ingente producción artística de Pablo Picasso durante esta época suele catalogarse bajo el epígrafe general de estilo cubista, aunque se trata de una etapa compleja en la trayectoria del pintor, lo que hace posible diagnosticar varias fases.

La primera de ellas es el cubismo analítico (entre 1908 y 1910), caracterizado por composiciones en las que Picasso se centra en el análisis exhaustivo del motivo, que llega a descomponerse en tantos planos como exija la plasmación de sus distintos puntos de vista, como se muestra en Paisaje con dos figuras (1908).

En cuanto a los colores, planos oscuros y claros se yuxtaponen y el cromatismo va perdiendo preeminencia frente a la forma, hasta acabar reducido a una amplia gama de grises, verdes, ocres y marrones, tal y como podemos ver en Figure dans un Fauteuil (1910).

Recibe el nombre de cubismo hermético una segunda y breve fase que tiene lugar entre los años 1911 y 1912, y que surge del interés cubista de Picasso por incluir el mayor número posible de planos incorporando el tiempo como una nueva dimensión del lienzo.

En consecuencia, los cuadros de esta época hacen gala de una acusada abstracción. La geometrización se complica hasta que los motivos se vuelven prácticamente irreconocibles, como vemos en El Poeta (1911) o Naturaleza muerta con clarinete (1911).

Picasso Naturaleza muerta con Clarinete

La introducción de la técnica del collage es también una innovación de este periodo, concebida como forma de recuperar el color, abandonado en la primera fase cubista, y de mejorar la legibilidad de las obras, por lo que su adopción implica la transición hacia una figuración menos abstracta, lo cual nos lleva a la última fase del periodo cubista: el cubismo sintético.

El cubismo sintético abarca desde 1912 hasta 1919. Durante estos años, Picasso dota a sus obras de claridad y de color, convirtiéndolas en piezas más decorativas que conceptuales. Son ejemplos Guitarra, clarinete y botella sobre una mesa (1916) o La bouteille de Bass (1914).

Tras el final de la I Guerra Mundial, Picasso se interesa por otras artes como la música y el ballet, llegando a encontrar su hueco en el mundo del espectáculo, al colaborar frecuentemente con organizaciones de ballet ruso. Esta experiencia se manifiesta pictóricamente en una serie de cuadros producidos por el pintor entre los años 1919 y 1924, tiempo conocido como época neoclásica.

  • Época Neoclásica (1917 - 1924)

Durante esta etapa, aunque Picasso no abandona totalmente el cubismo, los rasgos son mucho más clásicos y suaves, como vemos en Retrato de Olga en un sofá (1918) o en Paisaje con árboles muertos y vivos (1919).

También desarrolla una serie de composiciones coloridas, geométricas y planas en las que aparecen arlequines u otros personajes del espectáculo como bailarinas o músicos, entre las que destacamos una de las obras más conocidas del pintor malagueño, Los tres músicos (1921).

  • Cubismo surrealista (1925 - 1935)

La irrupción de las vanguardias pone punto y final al breve retorno de Picasso a la pincelada de los clásicos. A partir de 1925, fascinado por los escritos teóricos de André Bretón  y por las obras de Yves Tanguy y de Joan Miró, el pintor pone rumbo hacia una nueva propuesta de expresión artística que culminará dando lugar a su época surrealista.

Picasso nunca ha sido considerado como perteneciente al grupo surrealista, aunque sí que es posible apreciar el influjo de Salvador Dalí y de otros surrealistas en obras como Bañista sentada a la orilla del mar (1930) o La danza (1925).

Influenciado por la fiebre surrealista, durante esta etapa, Picasso asume la premisa vanguardista de crear metáforas plásticas mediante la metamorfosis de las formas, utilizando la pintura como medio para expresar las penalidades de la primera mitad del siglo XX, azotado por guerras y crisis sociales y económicas.

  • Etapa de madurez: el expresionismo cubista de Pablo Picasso (1935 - 1972)

Aunque simpatiza con el ismo surrealista, Picasso rehúsa de adscribirse a corrientes pictóricas haciendo gala de un personal expresionismo cubista heredero de sus múltiples experiencias con la pintura y su constante experimentación con numerosos estilos y formas de expresión. Hablamos del genuino estilo Picasso. Inestable y cambiante, aunque reconocible.

A lo largo de todos estos años, Pablo Picasso utiliza la pintura como modo para expresar los males de su época, motivación que encuentra su máximo exponente en uno de los cuadros más famosos de todos los tiempos: el Guernica (1937), un impresionante lienzo de gran formato en el que, con una tensión dolorosa, embalsama el trágico bombardeo perpetrado por  parte de la aviación alemana e italiana contra la II República en el pueblo de Guernica durante la Guerra Civil Española.

Gran parte de la obra de Picasso se ve marcada por el influjo de las guerras. De una forma u otra, sus cuadros pasan a centrarse en la destrucción y en el sufrimiento, tal y como podemos ver en Gato devorando un pájaro (1939) o en cualquier pieza de las series de fragmentos y esbozos de El Guernica (1937).

Tras la II Guerra Mundial, sus pinturas recuperan el optimismo, dando lugar a dibujos tan emblemáticos como La Paloma o Paloma de la Paz con flores, con los que se involucra con la causa pacifista.

Picasso Paloma

Durante sus últimos años, Pablo Picasso realiza una revisión de los clásicos, reinterpretando obras de maestros como Velázquez, entre las que destacamos las múltiples versiones que Picasso realizó del famoso cuadro Las Meninas (1656), como Las meninas de Picasso o Las Meninas y la vida.

Si bien el camino de Picasso a través de los años y de los movimientos artísticos de su tiempo conduce un ecléctico estilo, si atendemos a las palabras del propio pintor, no podemos concebir su etapa de madurez como una síntesis de toda su trayectoria anterior, ya que él nunca tuvo un horizonte al que aspirar. Pablo Picasso gozó de la mayor libertad de todas: la de poder crear dejándose llevar.

Eva VilarC.