El arte outsider de Terry Pastor: entre el surrealismo y el pop art

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Más allá de los cauces academicistas, las ilustraciones y pinturas de Terry Pastor excavan su propio lecho en la historia del arte como lo haría un torrente entre las rocas: impasible, desbordante, desconsiderado.  Mediante figuraciones irreverentes, grotescas y en ocasiones inapropiadas, cada una de sus composiciones hace gala de una fuerza indómita, de una narratividad extrema que emana del concepto hasta trascender sus propios referentes, dando lugar a obras punzantes y descarnadas que parecen capaces de herir la mirada y las sensibilidades. El arte de Terry Pastor es tan superreal, vívido y certero que sobrepasa los límites de la realidad misma para caer al abismo de la demencia surrealista.

Terry Pastor y el limbo entre el surrealismo y el pop art: creatividad más allá del mainstream

Clasificar el estilo artístico de Terry Pastor es una tarea de todo menos sencilla. En su prolífica producción artística podemos hallar una interminable lista de influencias que nos llevan desde el pop art estadounidense de postguerra hasta el surrealismo conceptual de René Magritte, estilos que encuentran su nexo de unión en la coincidencia temporal, así como en la concepción del arte como una forma de ampliar el universo percibido de la realidad más cotidiana desterrando la razón.

De la cultura pop, Terry Pastor hereda el gusto por la imaginería popular, con la que busca contraponerse a la esencia de un arte y una cultura elitistas basadas en los cánones clásicos de representación y en la prima academicista del “arte elevado”. Para ello, Pastor configura su universo artístico echando mano de objetos e imágenes procedentes de la cultura popular, tal y como podemos ver en Komic Kiss o en Helmet Girl, ilustraciones que beben de la estética del cómic, tan popular durante las décadas de los ’60 y ‘70.

Encontramos también en su producción artística composiciones que heredan el más puro estilo del pop art americano, como Mo  o Call Me, donde las influencias de la kustom kulture y el estilo kitsch alcanzan su máxima representación, encarnadas en elementos propios del cartelismo, del street art y del mundo publicitario.

Enlazando los vivos colores y las complejas yuxtaposiciones del pop art con la narratividad y las técnicas del surrealismo, obras de Terry Pastor como Magrittea Lisa (1988) o Lady  parecen transportarnos a una dimensión donde la yuxtaposición ilógica de los elementos acaba por otorgarles una fuerte carga irónica, descontextualizándolos, prostituyéndolos y banalizándolos para generar a partir de ellos nuevas lecturas. Hallamos, pues, en la faceta más conceptual de Terry Pastor un humor sutil, satírico, sensual y superreal, en tanto que sobrepasa la realidad que perciben los sentidos mediante las aportaciones generadas en el subconsciente.

El peculiar surrealismo de Terry Pastor trasciende también el conceptualismo para manifestarse en pinturas como Cuerpo, Boca o Aerógrafo y Óleo sin título, donde las formas se derriten y conforman de manera caprichosa creando inquietantes mundos y esperpentos capaces de evocarnos las obras más orgánicas de Dalí, cambiando la figuración por una sutil abstracción en la que las sensaciones parecen copar el espacio anteriormente atribuido al mensaje.

Del pop art al surrealismo, la mirada de Terry Pastor es una mirada sedienta e incapaz de encasillarse. Sin embargo, y haciendo un ejercicio de conceptualización, a pesar de sus múltiples escarceos con diversas corrientes pictóricas, es en ese punto en el que el surrealismo y el pop art se tocan donde la obra de Terry Pastor encuentra su particular equilibrio, cuestión que nos lleva, irremediablemente, a asociarlo con el polémico Movimiento Lowbrow, también conocido como surrealismo pop (definición tampoco exenta de polémicas), cuya estética parece encarnarse en obras como Broken (1990), en las que lo macabro y lo underground se manifiestan en composiciones tan ingenuas como inquietantes, en una suerte de sátira narrativa de lo real, de lo banal.  También se asocia a este movimiento la atención otorgada a la ciencia ficción y a la tecnología, intereses compartidos también por el autor, lo cual podemos constatar gracias a obras como Spitfire o Space 12.

Aunque resulta difícil establecer relaciones entre el estilo pictórico de Terry Pastor y la producción de artistas abanderados del polémico Lowbrow, como Manuel Ocampo o Tim Biskup, si prestamos atención a los fundamentos formales y filosóficos que parecen pergeñar sus trayectorias, tales como el gusto por la imaginería popular, las temáticas eróticas, críticas y provocadoras, la procedencia de los pintores del mundo del tatuaje o del diseño gráfico, el énfasis otorgado a la innovación técnica o el fértil debate en torno a la delimitación entre arte fino y popular; no parece difícil intuir ciertas similitudes que podrían llevarnos a catalogar a Terry Pastor como un artista lowbrow, frágil término que nos serviría para unir, definitivamente en su obra, los amplios conceptos de arte surrealista y pop art.

Terry Pastor y la victoria del aerógrafo como técnica pictórica

Una de las características que mejor definen y diferencian  la obra de Terry Pastor es su maestría en el empleo del aerógrafo. Gracias a este instrumento, las icónicas pin-ups de sus ilustraciones pueden lucir una piel lustrosa e inmaculada y los objetos más comunes irradiar ese brillo vinílico tan característico, como nunca tocados, perfectos hasta convertirse en una especie de irónica parodia plástica de la realidad.

Terry Pastor se inicia en la técnica del aerógrafo en 1960, momento en el que este instrumento empieza a popularizarse entre los artistas asociados al pop art, que buscaban un acabado idílico, plástico e irreal en respuesta a la nueva mentalidad surgida tras los estertores de la II Guerra Mundial, que demandaba un arte despreocupado e idealizado.

Sin embargo, aunque Terry Pastor es uno de los pioneros y más duchos maestros en la técnica del aerógrafo, este instrumento contaba ya en los ’60 con varias décadas de experimentación en el mundo de las artes.

Aunque asociado  frecuentemente al diseño gráfico y al retoque fotográfico, ámbitos en los que cobró un fuerte protagonismo durante los años ’30 gracias a publicaciones como la revista Esquire, el aerógrafo registra ya sus primeras aplicaciones en el mundo de las artes a escasos años de su invención, cuando, en el año 1900, su inventor, Charles Burdick, organizó un concurso de pintura a aerógrafo del que resultó vencedora una acuarela victoriana.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el nuevo invento atrajo a pintores vanguardistas como Man Ray, quien halló en el aerógrafo un medio para desembarazarse de las técnicas tradicionales de la pintura, así como de las pretensiones artísticas que estas traían consigo. El pintor, que buscaba hallar una manera mecánica de producir arte para acabar con la barrera entre arte elevado y popular, bautizó su innovación bajo el nombre de aerografías, quedando satisfecho con el acabado fotográfico del que hacían gala y dejando constancia del potencial que este instrumento tenía para las bellas artes.

Posteriormente, diversos artistas asociados a la Escuela Bauhaus como Hertbert Bayer o Henry Hehlers lo incluyeron entre sus técnicas predilectas, atraídos por su rapidez, así como por las texturas y efectos que les permitía obtener y que, en aquel momento, rompían con la estética plana del art decó.

Sin embargo, este entusiasmo de los artistas de la Bauhaus tampoco sirvió para encandilar a la crítica, que desdeño las capacidades artísticas del aerógrafo, retrasando todavía cuarenta años su aceptación como una técnica válida en el mundo de las bellas artes.

De este modo, esta primera victoria llegó, como decíamos, en la década de los ’60 con el arte industrial de Peter Phillips, adquiriendo su principal ámbito de aplicación entre los pintores asociados al pop art. Posteriormente, el superrealismo de Audrey Flack o Chuck Close contribuyó a consolidar el uso del aerógrafo en las bellas artes al encumbrarlo como la técnica idónea para trascender la realidad al captarla de la manera más perfecta y exacta posible, dejando vía libre al artista para la recreación en las texturas y en los colores.

Es en este caldo de cultivo en el que Terry Pastor desarrolla su gusto por el aerógrafo, llegando a convertirlo en su técnica predilecta, la cual combinará a lo largo de toda su carrera con otros métodos pictóricos tradicionales tales como el óleo o la tinta gouache, así como con técnicas surgidas al amparo de la nuevas tecnologías como el procesamiento digital, dando lugar a composiciones de una estudiada complejidad técnica.

Terry Pastor: pintor, ilustrador e icono de la cultura pop de los ‘70

Nacido en 1946 en Surrey, Inglaterra, quizás la faceta más desconocida de Terry Pastor sea la de pintor, a pesar de que el artista ha realizado diversas exposiciones, tanto individuales como colectivas, en ciudades como París, Londres, Munich, Nueva York y Ámsterdam; y de que algunas de sus pinturas forman parte de prestigiosas colecciones privadas de América y Europa, entre las que destacan la del cineasta Roman Polanski o la de la Banda de rock Status Quo.

Tampoco es conocido por haber recibido múltiples premios y reconocimientos, entre los que vale la pena mencionar el Playboy Magazine Illustration Award y dos Art Director of America Awards; sino que la fama de Terry Pastor proviene de sus dos más emblemáticas obras: las portadas que realizó a principios de los ’70 para los discos Hunky Dory (1971) y Ziggy Stardust (1972), ambos del compositor británico David Bowie.

El autodidacta Terry Pastor comenzó su carrera como ilustrador montando su primer estudio en la Calle Fleet de Londres a principios de los ’60, época en la que se entregó a la técnica del aerógrafo, a la cual se mantendría fiel durante toda su carrera.

Su salto a la fama llegó al poco tiempo de fundar su estudio de diseño, el ya mítico Main Artery Prints, que abrió sus puertas en 1971 para convertirse en menos de una década en uno de los grandes referentes de las artes gráficas a nivel mundial, produciendo portadas para discos de artistas y bandas tan reconocidos como el ya citado David Bowie, The Beach Boys, Alex Harvey, Soft Machine o Marc Bolan.

Además de su éxito en la industria musical, Terry Pastor también destaca como ilustrador, habiendo realizado las portadas de diversos best-sellers de escritores como Jeffrey Archer, Lesli Thomas,  Arthur C. Clark o Colleen McCullouth.

Como diseñador publicitario, Terry Pastor ha realizado proyectos para países de todo el mundo, aunque sus campañas son especialmente conocidas en Alemania, Francia o Países Bajos.

Actualmente reside en Inglaterra, donde continúa dedicándose a la pintura, al diseño publicitario y a la animación digital en su estudio Main Artery Prints, donde colabora con otros diseñadores, entre los que destaca su compañero David Pelham, famoso por la icónica imagen de portada del libro La Naranja Mecánica (1962).

Eva Vilar C.