La pintura de Joan Miró: el camino hacia una forma única de expresar el mundo

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Las obras de Joan Miró son algunas de las más reconocibles del arte contemporáneo gracias a la singularidad de sus formas y a su cromatismo vivo y contrastado, un personalísimo lenguaje que el artista alcanzó buceando en el fértil mar de las vanguardias, adaptando el espíritu y métodos de estas a la creación de una forma de expresión totalmente nueva y personal. Si quieres saber cómo el pintor consiguió llegar a este curioso estilo pictórico, a continuación te detallamos las etapas de su prolífica producción artística.

El pintor Joan Miró y la búsqueda de lo esencial

Joan Miró es uno de los más destacados e interesantes pintores del siglo XX. Su trayectoria artística fue un constante proceso de estudio y experimentación encaminado a crear un nuevo lenguaje plástico, propio y original. La aportación del pintor catalán al movimiento vanguardista es amplia y diversa, puesto que en el periplo hacia su propia forma de expresión, exploró cada uno de los grandes ismos que marcaron un antes y un después en la historia del arte, dejándonos un amplio repertorio de lienzos, litografías o grabados que podemos agrupar en etapas sucesivas.

Formación postimpresionista y fauvista

Encontramos, en la dilatada producción artística de Joan Miró, una primera etapa de creación profundamente influenciada por el postimpresionismo, al que llega de la mano de su maestro, Francesc d'Assís Galí, quien le introduce en el estudio de los grandes maestros de comienzos del siglo XX, como Gauguin, Cézanne o Van Gogh. Encontramos influencias de estos pintores en cuadros de Miró como Paisaje de Montroig (1919), característico de esta fase creativa, en la que se dedica a retratar sus vivencias en Montroig.

La influencia del cubismo

A principios de los años ‘20, se desplaza a París, donde conoce a Pablo Picasso y enriquece su imaginario con la estética y la filosofía cubistas. De este modo, las pinturas de Miró durante estos años incorporan a los estilos aprehendidos en la etapa inicial elementos propios del cubismo, tales como la ausencia de perspectiva o la utilización de lineas rectas para delimitar los planos, tal y como se aprecia en La botella de vino (1924).

La seducción surrealista

A mediados de década, sus contactos con André Breton y Max Ernst, con quienes colabora trabajando para los Ballets Rusos de Serguéi Diághilev, le aproximan a la estética y a la teoría surrealistas, acabando por convertirse en un ferviente defensor del “automatismo psíquico”, un método consistente en dejar volar el pincel sobre el lienzo, sin la mediación de ningún proceso previo de reflexión consciente.

Uno de los cuadros más representativos de esta época es Interior Holandés I (1928), en el que podemos ver la confluencia entre el personal simbolismo de Miró y las influencias surrealistas. Esta obra marca un punto de inflexión en la trayectoria artística de Joan Miró, considerándose el inicio de su madurez artística.

Hacia una depuración extrema de las formas

Durante las dos décadas posteriores, además de pintar, experimenta también con otros formatos como la escultura o el bajorrelieve, y trabaja también el collage. Las obras de este periodo son de estilos diversos y contrastados, dando lugar a piezas dan dispares como el abstracto y minimalista lienzo La magia del color (1930) o el óleo sobre papel Hombre y mujer frente a un montón de excrementos, donde se nos muestra una auténtica pesadilla daliniana.

A principios de los ‘40 Miró crea alguna de sus aguadas más famosas, como La estrella matinal (1940), momento en el que empezamos a apreciar la creciente abstracción que acusan sus figuraciones. También es durante esta etapa cuando empieza a colaborar con el ceramista y crítico de arte Josep Llorens i Artigas.

Alcanzada la mitad de siglo, Joan Miró se vuelca en la creación de obra gráfica, experimentando con el grabado y la litografía. La mayoría de la obra gráfica de Miró a la venta hoy en día proviene de esta época de su trayectoria artística, siendo consideradas algunas de estas piezas como las más reconocibles y sintetizadoras del personal estilo del pintor barcelonés.  Si quieres comprar pintura del siglo XX, puedes encontrar interesantes litografías de Joan Miró en nuestras subastas de arte online.

Con el paso de los años, y como podemos ver en Personajes y pájaros en un paisaje nocturno, una de sus últimas obras, el lenguaje pictórico de Miró se depura cada vez más, reduciéndose la figuración a ideogramas y signos, dejando recaer toda el peso sobre el carácter del trazo, unas veces serio, sabio, solemne, y otras ingenuo, lúdico, infantil; y sobre el color o su ausencia, el vacío.

Principales características del lenguaje pictórico de Joan Miró

Pese a las diversas influencias recibidas por el artista a lo largo de toda su trayectoria, es posible hallar en las obras de Miró una serie de elementos que le acompañan desde sus primeros hasta sus últimos años, definiéndose cada vez más a medida que el pintor avanza en la depuración de su lenguaje.

De este modo, hallamos características recurrentes como las líneas de relación que conectan los diversos elementos de la composición, armonizando las formas, a simple vista sostenidas accidentalmente sobre el vacío del lienzo; también es típico el uso de colores planos y simples, entre los que acaban predominando colores primarios como el rojo, el azul o el amarillo; acompañados del omnipresente trazo negro, que actúa como intercomunicador, aportando coherencia entre las partes que flotan sobre su característico fondo blanco.

Para saber más sobre Joan Miró, puedes leer este artículo sobre sus grandes murales cerámicos; y para incorporar una litografía de este increíble autor a tu colección privada, no te pierdas las interesantes litografías de Miró a subasta.

Eva VilarC.