El impresionismo "au plein air" de Frederic Viñals i Yscla

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El 22 de enero de 2012, Frederic Viñals i Yscla se despidió definitivamente de la Barcelona que durante toda su vida se esmeró en retratar, documentando, así, en sus pinturas, la agresiva transformación que la ciudad había experimentado a lo largo del convulso siglo XX. Pintor autodidacta, alejado de su vocación por las dramáticas circunstancias de la posguerra y la dictadura franquista, el de Frederic Viñals es recordado hoy en día, pese a no haber hecho del pincel su herramienta oficial, como uno de los nombres más representativos del paisajismo catalán del siglo XX y como un gran maestro del impresionismo plenairista.

Cuatro años después de la muerte de Frederic Viñals i Yscla, te invitamos a recuperar su obra pictórica de las mortajas impasibles del tiempo y, de este modo, a zambullirte en la riqueza de colores y matices lumínicos que, con vigorosa pincelada y embriagadora elegancia pergeñan el impresionismo au plein air de este pintor catalán.

Los cuadros de Frederic Viñals i Yscla

La pintura llegó a la vida de Frederic Viñals durante los años de su más tierna infancia, como un insuflo espontáneo por el que se dejó llevar como empujado por las indómitas fuerzas del destino.

Ya en sus primeras pinturas, realizadas en los primeros años ’20 podemos encontrar los rasgos más característicos y definitorios de su obra, empezando por la omnipresente temática paisajística, adscripción a la que no renunciaría en toda su vida.

Si bien, en la dilatada producción artística del pintor barcelonés es posible hallar también retratos, bodegones y naturalezas muertas fechadas principalmente en la época anterior a los ’50, Frederic Viñals encontró siempre en el paisaje su mayor fuente de inspiración.

En palabras del propio pintor, la suya era una pintura “naturalista y postimpresionista”, surgida directamente de su temperamento curioso, afanado en estudiar la naturaleza “en todas las estaciones del año y con todo tipo de luces”.

Hallamos, pues, en sus representaciones, una total predominancia de los paisajes rurales y protourbanos de la antigua Barcelona, inmersa por aquel entonces en un profundo proceso de industrialización que el pintor supo embalsamar entre capas de óleo.

Al respecto, cabe destacar la variedad de zonas geográficas que abarcan sus pinturas, y que no permiten hacer un recorrido por los barrios y pueblos que le vieron nacer y crecer, como El Poblenou, Sant Andreu o el Vall de Boí, en los que su paleta consiguió impregnarse del rico cromatismo de cielos, colinas y cultivos, tal y como podemos observar en sus obras Llum de Tarda (1950) o Entre Vinyas.

En cuanto al estilo, la pintura de Viñals i Yscla se ancla firmemente en el impresionismo plenairista, haciendo gala de una pincelada vigorosa, gruesa y ágil capaz de capturar con gran maestría lo esencial del paisaje mediante los matices lumínicos sin caer en la minuciosidad y el detallismo propios de los pintores olotenses, con quienes comparte su fijación por la naturaleza, la cual es abordada au plain air, estableciendo una relación directa entre el pintor y su entorno.

Aunque fuertemente influido por la escuela impresionista catalana, también encontramos entre sus referentes pictóricos a grandes maestros impresionistas europeos como Monet, Van Gogh, Gauguin o Cézanne, de cuya obra tuvo la oportunidad de imbuirse durante los viajes que realizó a Francia y a los Países Bajos durante la década de los ’50.

Otra característica destacable de su obra nos remite a la importancia que el pintor da a la composición de sus cuadros, influenciado en este sentido por las corrientes paisajísticas inglesa y holandesa, encarnadas en pintores como Turner, Jan van Goyen o Constable, de quienes toma el gusto por otorgar protagonismo a los cielos, hecho que se manifiesta en su tendencia a bajar los horizontes, haciendo que el celaje ocupe gran parte de las escenas.

Esta es, quizás, una de las constantes más características de la pintura de Viñals, tal y como podemos apreciar en cuadros como Boí  o Posta de Sol, donde azules intensos o increíbles degradados salpicados por desgarradas nubes atraen magnéticamente la mirada con sus tonos intensos y mezclas imposibles.

Pasando a las técnicas, Frederic Viñals cultivó, a lo largo de más de medio siglo de trayectoria artística diversos métodos y soportes, destacando, sobre todo, el óleo y la acuarela.

De toda su producción artística, la gran mayoría de los cuadros de Viñals son óleos sobre lienzo, aunque también encontramos numerosas piezas pintadas sobre cartulina o cartón. En cuanto a las acuarelas, estas son bastante escasas, y la mayoría se circunscriben a la etapa de madurez del artista, entre los años ’40 y ’60.

También es posible hallar múltiples dibujos realizados a lápiz, a carboncillo o con ceras, la mayoría de ellos concebidos como bocetos o apuntes tomados al natural para posteriormente ser convertidos en su estudio en óleos sobre tela de mayor tamaño. Este modus operandi del que el pintor hacía gala es el motivo por el que podemos encontrar entre la producción artística de Viñals diferentes versiones de la misma obra, dando constancia de las distintas etapas de su proceso de creación.

Biografía de Frederic Viñals i Yscla

Frederic Viñals i Yscla nació el 6 de enero de 1913 en el barrio barcelonés de Poblenou, por aquellos tiempos un barrio industrial de la vieja ciudad condal en el que su padre, Josep Viñals, regentaba un taller de maquinaria textil.

Aunque su padre había trabajado como escultor en el taller de Fèlix Ferrer, Frederic Viñals encontró su vocación artística de forma independiente. Con solo doce años comenzó a pintar todo lo que veía en su entorno, desde las personas de su barrio hasta los paisajes rurales y protourbanos de Barcelona, donde todavía era posible hallar espacios arbolados y terrenos dedicados al cultivo.

A los catorce años, se traslada con sus padres a la casa de sus abuelos paternos en Sant Andreu del Palomar, donde comienza a relacionarse con otros jóvenes también interesados en la pintura, entre los que destacamos a Frederic Lloveras, quien ya comenzaba, por aquel entonces, a destacar como acuarelista, y con quienes sale a pintar al aire libre y conforma el grupo pictórico Els Bruns.

Sin embargo, su estancia en Sant Andreu del Palomar no hace que Viñals pierda sus vínculos con Poblenou, donde se siente atraído por las actividades que realizaban instituciones como el Centre Icària o la Biblioteca Popular, en las que participa numerosas veces, aprovechando sus salidas para tomar apuntes directamente de la naturaleza, desarrollar su capacidad observadora y, por supuesto, pintar al natural.

Recién cumplida la mayoría de edad y gracias a la mediación del escultor Enric Casanovas, Viñals celebra en 1928 su primera exposición individual en la sala Casal del Centre Icària, en la que se muestran sus primeras obras.

Durante el primer lustro de la década de los ’30, Frederic Viñals, convencido de su vocación artística, se centra en la pintura, tomando clases de dibujo artístico y perspectiva en la academia de Francesc Arola y asistiendo a clases con su amigo y referente Joaquin Mir, relación que le sirvió para impregnarse de la estética de la escuela paisajística catalana. También estudió en la Academia Baixas y en el Cercle Artístic de Sant Lluc, hasta que el estallido de la Guerra Civil truncó su incipiente carrera artística.

Pasada la guerra, y a pesar de intentar continuar su aprendizaje asistiendo a clases de composición con el pintor Francesc Labarta, la compleja situación de la España de los años ’40 le obligó a abandonar su vocación artística, pasando a regentar el taller de maquinaria textil de su padre, aunque jamás abandonó la pintura.

Durante los años de la dictadura, compaginó las labores de mantenimiento y modernización del negocio familiar con su hobbie, realizando numerosas exposiciones individuales y colectivas en galerías de arte de diversas ciudades, principalmente en su Barcelona natal, y presentándose a numerosos certámenes y muestras, aunque no con la regularidad y asiduidad con la que lo hacían los pintores profesionales.

Aún así, el volumen de su producción pictórica y la maestría con la que abordaba cada una de sus composiciones han servido para convertirle en uno de los grandes referentes del impresionismo catalán, figurando hoy en día su obra en numerosas colecciones privadas y en instituciones públicas como el Fondo de Arte de la Diputación de Barcelona.

Frederic Viñals falleció en la Barcelona que le vio nacer el día 22 de enero de 2012 a los 99 años de edad, dejando en manos del tiempo su obra y, con ella, la memoria de un mundo que hoy, habiendo pasado poco más de un siglo, se nos antoja extrañamente lejano.

Eva VilarC.