La pintura de Marc Chagall: entre lo real y lo sobrenatural

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En la obra de Marc Chagall, el espíritu de las vanguardias se consagra en una fusión extrema de lenguajes y motivos. Lo místico, lo terrenal, lo iconoclasta, lo tradicional… los opuestos encuentran su lugar en la obra gráfica y en los cuadros de este particular pintor, cuyo personal estilo le ha convertido en uno de los artistas más interesantes y valorados del panorama del arte moderno.

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Con su prolífica producción artística compuesta por cientos de lienzos y obras sobre papel, Marc Chagall es considerado uno de los pintores más relevantes de las vanguardias europeas.

Los cuadros de Chagall se exponen en las paredes de importantes galerías y museos, tales como el Museo Guggenheim de Nueva York , el Museo Nacional Marc Chagall de Niza, el Museo de Arte de Tel Aviv o el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid; además de figurar en prestigiosas colecciones privadas de todo el mundo.

Los cuadros y la obra gráfica de Chagall son muy valorados por marchantes y coleccionistas de arte, alcanzando elevadas cifras cada vez que salen a subasta. Así, hace unos años, el famoso cuadro Le cirque fue adjudicado por  seis millones de euros, convirtiéndose en una de las obras más caras de la historia del mercado del arte. Sin embargo, a pesar de la elevada cotización de sus cuadros, también es posible encontrar litografías de Chagall por precios más asequibles y que siempre seguirán siendo una inversión segura.

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Vanguardia y raíces en los cuadros de Marc Chagall

Definirse es limitarse”, sentenciaba Dorian Gray, tal y como recordarán los amantes de la pluma de Wilde; y no hay frase que pueda aplicársele con más atino al pintor vanguardista Marc Chagall.

Imbuido desde su juventud por el auge del expresionismo y por el ajetreo de la vanguardia parisina, Chagall recibió durante sus primeros años como artista fuertes influencias de los numerosos ismos que salpicaron el panorama artístico de principios del siglo XX, aunque nunca quiso constreñirse a ninguno de ellos.

Así, es posible encontrar en sus cuadros el influjo de diversas corrientes de vanguardia, como el fauvismo, que se encarna en los vivos colores que pergeñan las composiciones de Chagall: amarillos, rojos, verdes… tal y como podemos ver en algunas de sus obras más tempranas, entre las que destacamos el gouache Desnudo  (1913) o el óleo L’atelier (1911), obras que nos evocan, irremediablemente, el colorista estilo de Henri Matisse.

También los planteamientos cubistas de Brake y de Pablo Picasso hacen mella en la visión artística de Marc Chagall, como vemos en el geometrismo de composiciones como Autorretrato en verde (1914) o Le circle bleu (1950). En este último lienzo podemos apreciar, además, la fuerte impronta simbólica que el artista otorga a sus obras, y que acaba consolidándose con el paso de los años en una de las principales características de la producción artística de Chagall.

De este modo, conforme pasan los años el pintor se arroja hacia una dimensión casi-surrealista desde la que, a través de su pincel, consigue desvelar inquietantes mundos de duermevela donde lo real y lo sobrenatural se fusionan en un enigmático todo, como visto desde la óptica de un espectador que tiene un ojo en cada mundo.

Marc Chagall consigue esta narratividad extrema de sus cuadros mediante el empleo de la yuxtaposición de planos como recurso narrativo, de manera que dos escenas totalmente ajenas entre sí pueden constituir un todo completo en significado. Podemos apreciar la utilización de este recurso en cuadros como u Homenaje a Apollinaire  (1912).

Sin embargo, pese a lo vanguardista de esta narrativa pictórica, el pintor hace uso de toda esta amalgama de técnicas vanguardistas para representar un universo pictórico de lo más tradicional: el arrancado de sus sueños infantiles ambientados en su comunidad judía y en su madre Rusia, abandonadas en su juventud, y que afloran en sus pinturas durante décadas de trayectoria artística.

De este modo, es posible hallar en el complejo universo pictórico de Marc Chagall numerosas referencias a la ciudad de su niñez, Vítebsk, que aparece representada en escenas cotidianas del folclore ruso y judío en las que abundan personajes propios de las comunidades judías, como el violinista o el rabino, tal y como podemos ver en Yo y la aldea (1911). O Solitude (1933).

Otro de los temas más recurrentes en la obra de Marc Chagall es el amor, tal y como denotan cuadros como El Paseo o Por encima de la ciudad , en los que Chagall se representa a sí mismo y a su mujer, Bella Rosenfeld, quien será su musa en diferentes obras dedicadas a esta temática.

También destacan entre su obra los cuadros dedicados a acontecimientos históricos y artísticos, como La crucifixión blanca (1938), considerado por diversos estudiosos como una denuncia a los totalitarismos que tomaron forma en la Europa de la primera mitad del siglo XX.

Más allá de las referencias costumbristas, los temas históricos o la temática amorosa, en toda la obra de Chagall están presentes las referencias a lo místico, a lo sobrenatural que se esconde en todas las cosas comunes. Sin embargo, el pintor también dedica parte de su producción artística a la realización de piezas exclusivamente religiosas. En esta temática, destacan las series de aguafuertes sobre pasajes bíblicos que realiza entre 1925 y 1939, así como el diseño de las doce vidrieras de la sinagoga del Hospital Universitario de Hadassah, cerca de Jerusalén, de las cuales puedes ver algunos diseños entre nuestras litografías en subasta de Marc Chagall.

Aún así, obviando lo estrictamente religioso, es fácil ver cómo Chagall tiene la capacidad de fundir, en cada una de sus obras, las dimensiones de lo real y de lo sobrenatural, de lo común y de lo imaginario, mostrando así su particular mundo entre dos mundos: una óptica caleidoscópica en la que herencias, enseñanzas e influencias se combinan para dar lugar a un todo que resulta ser mayor a la suma de sus partes.

Vida de Marc Chagall

Marc Chagall nace en 1887 en el seno de una familia judía en la ciudad bielorrusa de Vítebsk.

Aunque ya de joven demuestra un precoz talento para la pintura, sus aspiraciones artísticas no son bien recibidas por una comunidad conservadora, por lo que no es hasta que cumple la veintena cuando comienza su enseñanza artística oficial en San Petesburgo de la mano del  maestro Nikolái Roerich y, posteriormente, de Léon Bakst.

En San Petesburgo, Marc Chagall consigue el apoyo económico de Maxim Vinaver, influyente diputado de la Duma que actuará de mecenas del joven pintor sufragando su viaje a París, donde Chagall permanece entre 1911 y 1914, entrando en contacto con poetas y pintores vanguardistas franceses como Guillaume Apollinaire o Amadeo Modigliani, quienes le ayudan a realizar sus primeras exposiciones.

En 1914 regresa a su ciudad natal para contraer matrimonio con su prometida Bella Rosenfeld y decide formar parte activa de la Revolución Rusa de 1917, siendo nombrado Comisario de Arte para la región de Vítebsk, donde funda, en 1919, la Escuela de Arte de Vítebsk, de la que fue director un corto periodo hasta que comienza un periplo por Europa, pasando por Moscú y Berlín para asentarse, en 1923, de nuevo en París.

Reside con su familia en la capital francesa mientras se dedica a la pintura. Destacan en este periodo sus estancias vacacionales en la localidad catalana de Tosa de Mar, en la Costa Brava durante 1933 y 1934, lugar en el que pinta obras tan célebres como El violinista celeste, actualmente conservado en el Museo Municipal de Tosa de Mar.

La II Guerra Mundial interrumpe la estancia parisina de Chagall, que consigue huir de la ocupación alemana con su familia para instalarse en Estados Unidos gracias a la ayuda del periodista estadounidense Varian Fry, el Schindler francés que también ayudó a huir de Francia a otros artistas de vanguardia, como Marcel Duchamp, Max Ernst o André Breton.

Durante sus años en Estados Unidos, sus pinturas se hacen eco de las desgracias de la guerra, como purgando a través de los oscuros colores y tétricas formas los horrores vistos al haber vivido dos guerras mundiales. Prueba de esta etapa sombría en su producción artística son cuadros como Apocalipsis en Lilac  (1945), donde la gama cromática apenas sobrepasa los negros, grises y tierras.

Finalizada la guerra regresa a Paris, donde comienza para Marc Chagall una etapa de esplendor en su carrera profesional como artista, puesto que durante las décadas de los ’50 y ’60 comienza a recibir encargos tan importantes como el diseño de las vidrieras de la sinagoga del Hospital de Hadassh, así como la realización de los frescos del Palacio de la Ópera de París o los Murales del Metropolitan Opera House de Nueva York.

Es también durante esta época cuando realiza sus más famosas obras religiosas sobre papel, ilustrando numerosos paisajes de la Biblia.

Marc Chagall recibe numerosos premios, menciones y reconocimientos por su dilatada e interesante obra, entre los que destacan la Orden de la Legión de Honor de Francia (1977) o el Premio de la Fundación Wold de las Artes de Jerusalén (1981).

Muere en 1985 en el pueblo de Saint-Paul de Vence, cercano a Niza, a la edad de 97 años, dejando tras de sí algunas de las obras más interesantes del siglo XX, que con sus vivos colores y su enigmática figuración continúan cautivando a coleccionistas y amantes del arte.

Eva VilarC.